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OPINION / IRITZIA: “Envase y sociedad” es sólo envase…

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Alberto Vizcaíno López. De un tiempo a esta parte florecen estudios sobre gestión de residuos de envases firmados por la “Plataforma Envase y Sociedad”, que se define como “un foro para el diálogo y el intercambio de experiencias entre organizaciones, instituciones y ciudadanos. Surge de la colaboración de organizaciones y entidades que participan de forma directa o indirecta en las distintas fases del ciclo de vida del envase”.

Entre sus asociados podemos encontrar distintas agrupaciones de empresas de fabricación de envases de plástico, metal (no podían faltar la Asociación de Latas de Bebidas), vidrio  y madera. Allí están junto a los sistemas integrados de gestión de envases: ecoembes, ecovidrio, sigfito y sigre. No faltan agrupaciones de supermercados y grandes superficies de distribución o envasadores. Por su puesto, de la mano de tan nutrido grupo de inversores aparecen todos los centros tecnológicos que deben su existencia y financiación a los anteriores. Llama poderosamente la atención la aparición de varias universidades, cada una con su correspondiente cátedra o grupo de investigación financiado por… ecoembes.

Así las cosas, se echa de menos en esta plataforma “Envase y Sociedad”, la representación de la sociedad. Sí, el envase y sus intereses parecen estar claramente representados. Pero qué pasa con “la sociedad”. ¿Dónde estamos las personas que compramos producto envasado y nos vemos obligadas a depositarlos en contenedores amarillos cada vez más saturados? ¿Dónde están los consumidores que reclaman productos a granel? ¿Los que están por el envase reutilizable?

El caso es que ni asociaciones ecologistas (como organizaciones sociales que aborden el problema de los residuos de envases) ni sindicatos (como clásica representación de sociedad civil) aparecen como parte de esta plataforma. Tampoco veo en ella iniciativas alternativas para la gestión de residuos de envases. Ni siquiera iniciativas relacionadas con el creciente movimiento de residuo cero.

Por cierto, en una plataforma para “el diálogo y el intercambio de experiencias” también faltan las alternativas al sistema integrado de gestión de envases. No veo en esa plataforma ninguna organización que estudie o fomente sistemas de depósito, devolución y retorno.

Es decir, de las dos posibilidades previstas en la legislación, la plataforma envase y sociedad se queda sólo con una. ¿No será que es un grupo de presión para convencer a la sociedad sobre un determinado modelo de gestión de residuos de envases?

Otro dato curioso del quiénes somos. Los únicos nombres que aparecen son Juan Quintana Cavanillas y Lucia Ladrón. El primero ni más ni menos que director de KREAB, entre cuyos servicios destaca: Construcción de opiniones.

Dar forma a las opiniones es el corazón de las relaciones institucionales. Toda compañía u organización quiere expresar sus propios puntos de vista. Nuestros asesores son expertos en el diseño de estrategias y actividades cuyo fin es mejorar la visión del cliente y reformar las opiniones que se generan entre los grupos clave.

Así pues, la frase: “Su propósito es ser referente técnico y divulgativo de los avances que se han producido, y se producen de manera constante, en la gestión sostenible de envases y embalajes”. habría que ponerla en cuarentena: estamos ante una máquina de crear opinión sobre una determinada forma abordar la gestión de residuos: la que interesa a todos aquellos cuyo modelo de negocio depende de los envases de usar y tirar. Referente… esperemos que quien quiera documentarse sobre la materia tenga la suficiente capacidad crítica como para contrastar la desinformación de este grupo de presión.

Las fechas también son interesantes: “Nace en marzo de 2013 con el objetivo de poner en valor el ciclo de vida del envase a través de los beneficios sociales, económicos y medioambientales que los envases aportan al conjunto de la sociedad, fomentar la I+D+i y divulgar los avances e innovaciones en la vida de los envases”. Justo cuando se ponía en marcha una pionera experiencia piloto para probar el sistema de depósito, devolución y retorno de envases.

Tampoco parece casual que ahora, cuando ciudades como Valencia estudian el retorno de envases a la alemana, medios de comunicación financiados por la publicidad de los asociados a “Envase y Sociedad” se descuelguen con estudios parciales, tendenciosos y sesgados -realizados por asociados a esta misma plataforma- que ocultan la realidad de la ineficacia del sistema de recogida selectiva que sufrimos a diario la mayoría de los españoles.

Quizá, por cerrar el círculo, cabría analizar cuantas de las organizaciones que aparecen como asociadas a esta plata forma lo son también de ecoembes, tarea que dejaremos a algúnperiodista de información ambiental, si es que existe, que tenga ganas de investigar cómo los sistemas integrados de gestión de residuos están invirtiendo muchos recursos en crear opinión.

Cada vez son más las voces que se alzan en contra un modelo que está hipotecando el futuro de la gestión de residuos. Tanto que distintos territorios en nuestro país están abriendo la puerta a modelos diferentes, en los que el papel del contenedor amarillo va cambiando.

Las mentiras de ecoembes cada vez son más evidentes. Incluso si implica cuestionar los datos oficiales de la Unión Europea. Pero ya no es suficiente comprar periodistas. En tiempos de cambio político se empiezan a estudiar alternativas que dejen menos espacio a la corrupción y que permitan un uso más eficiente de los recursos.

La sociedad demanda modelos de consumo más sostenibles, menos envases de usar y tirar, más producción ecológica y local. Todo eso amenaza los intereses y el modelo de negocio de ecoembes. Su respuesta, en vez de dotar nuestras ciudades de más y mejores recursos para la recogida de residuos está siendo comprar voluntades: financiar investigaciones y estudios sesgados, crear campañas publicitarias para generar opinión y manipular los procesos de toma de decisiones.

Así pues, “Envase y Sociedad” no es más que otra herramienta de ecoembes para negar las alternativas a su modelo de negocio y atacarlas con todas sus fuerzas: los más de 400 millones de euros que se gasta cada año para que nada cambie. Mientras las latas de refrescos siguen poblando parques, cunetas y playas, los contenedores amarillos rebosan basura, los vertederos se llenan de plásticos y, cuando nadie los quiere, los residuos a acumulados a la espera de ver qué hacemos con ellos arden.

Están solos, pero “Envase y Suciedad” no tendría el mismo tirón, a pesar de que es lo que nos dejan a los ciudadanos y al conjunto de la sociedad: residuos mal gestionados e infoxicación.


 

Ecoembes no es lo que parece

Alberto Vizcaino López. En la guerra abierta de ecoembes contra la posibilidad de la implantación de sistemas de depósito, devolución y retorno (SDDR), nos toca leer cosas que llaman mucho la atención. Entre las últimas que me he cruzado por la red figura el artículo “Nada es lo que parece“. Es curiso el modo en que se retuerce el lenguaje y la estadística para defender una forma de gestionar residuos cada vez más cuestionada.

La frase clave de todo el texto, para mi gusto es “En total, se encarga del 8% de los envases, mientras que en España, a través de los contenedores amarillos y azules, se puede gestionar el 100%” Nótese que para referirse al SDDR se emplea la palabra “encarga” mientras que para referirse a su forma de hacer la expresión es “se puede gestionar”. No se ustedes, pero a mí este tipo de afirmaciones me parecen un insulto a la inteligencia colectiva. ¿A caso no se puede gestionar el 100% de los envases con un SDDR? Pues… sí, claro que se podrían gestionar todos los envases ligeros con un SDDR. ¿Por qué no comparamos datos de reciclaje de latas de bebidas y nos dejamos de florituras?

Si el interés no es mejorar el reciclaje de envases y lo que se pretende es mantener el monopolio en su gestión, entonces tenemos que atacar a cualquier alternativa posible. Incluso con frases (no argumentadas) en las que se afrima que “El SDDR solo sirve para recuperar los envases de agua, bebidas refrescantes y cervezas, sean de plástico o latas de metal”. ¿Por qué?

¿Qué impide que un envasador de pasta de dientes cumpla sus obligaciones legales con un SDDR? Pues en España que es más barato pagar el punto verde y olvidarse del problema ¿Cuánto papel de aluminio, bolsas de refrigerados, bolsas de patatas fritas y frutos secos, botes de salsas y cremas, bandejas de aluminio, vasos y platos de plástico, envoltorios de golosinas o cajetillas de cigarrillos se reciclan gracias a ecoembes? No lo sabemos.

Gracias a ecoembes ni siquiera sabemos cuantas latas de alumninio se reciclan en España. Ni cuantos briks, ni cuantas botellas de agua… El modelo actual es un sistema de caja negra en el que no tenemos datos de los envases vendidos con el punto verde, no sabemos cuantos se recogen en el contenedor amarillo, no sabemos cuantos llegan a las plantas de clasificación de envases y no sabemos cuantos se recuperan para reciclaje. Sí tenemos una idea aproximada de las toneladas de algunos materiales que se rescatan del flujo de residuos, pero este dato no informa sobre la cantidad de envases reciclados en España.

Con SDDR o con ecoembes -o cualquier otro sistema integrado de gestión-, la cuestión es que el que pone en el mercado un producto envasado es responsable de la gestión de ese envase y sus residuos. A día de hoy pagar la tasa del punto verde -gestionada por ecoembes- es la forma en la que muchas empresas consiguen escapar de esta obligación. La delegan en un sistema de gestión a sabiendas de que su envase no será reciclado. Y ecoembes ingresa dinero, pagado por el consumidor final, a pesar de que ese envase no se puede reciclar dentro de su modelo de gestión de residuos de envases.

Mientras siga dando los datos de reciclaje en peso y no en envases reciclados ecoembes está haciendo aquello de lo que acusa al SDDR “El sistema de retorno desincentiva el reciclaje del resto de envases que no contempla” El argumento para soportar esta afirmación vuelve a ser insultar la inteligencia del consumidor “Los ciudadanos optarán por dar preferencia al reciclaje de envases de agua, bebidas refrescantes y cervezas (sean de plástico, vidrio o latas), por los cuales se les devuelve el dinero que previamente han abonado al adquirirlos, en detrimento del resto de envases cuyo reciclaje no contempla el SDDR (y que suponen el 92% del total)”

Actualmente ecoembes lo que hace es recoger ese 92% de residuos mezclados con el otro 8%. Y obtiene, según sus propias cifras, un 54,54% en peso de los envases domésticos. Dado que los recoge mezclados y la eficacia de las plantas de clasificación de envases, según datos de la Administración, no es superior -en el mejor de los casos- al 70%, ¿no sería interesante probar un sistema que puede alzanzar cifras muy superiores al 90% en el reciclaje de los envases domésticos que más pesan?

El problema de fondo está en que si retiramos del conenedor amarillo los residuos más atractivos para un SDDR ecoembes se queda sin sus toneladas de latas de refrescos con las que hacer trampas al solitario: se descubriría que una parte importante de los 400 millones de euros anuales que maneja, a cargo del punto verde, no siven para el fin con el que se recaudan. Así, en vez de desincentivar los envases menos sostenibles, la “empresa sin ánimo de lucro” nos intenta convecer de que necesitamos una sociedad del reciclado en la que mantener su modelo de negocio: cobrar por envases que se pueden reciclar, a pesar de que no se reciclen.

Y para perpetuarse apela a una conciencia ambiental mal entendida. Nos hace creer que necesitamos es reciclar más, cuando el envase más ecológico es el que no se fabrica. Quizá si no tuviésemos ecoembes y todos los envases tuviesen que pasar por un SDDR muchos productos se venderían a granel. O, directamente, dejarían de comercializarse. El objetivo de la legislación de envases y sus residuos, la aplicación del principio de responsabilidad ampliada del productor, busca, precisamente, que los que se lucran poniendo en el mercado algo que se convertirá en un residuo asuman los costes que genera ese residuo.

Ecoembes es, en este sentido, complice de aquellos que venden productos envasados sin asumir todo el coste de los residuos que generan estos envases. Previamente marcados con el punto verde, en el contenedor amarillo se pueden depositar muchos residuos de envases que no serán reciclados porque no hay medios para separarlos, opciones para recuperarlos y, mucho menos, un mercado que los utilice como materia prima. Son envases que acabarán abandonados a su suerte, incinerados o rellenando un vertedero. Pero sus fabricantes, gracias a ecoembes, pueden seguir lucrándose sin asumir el coste ambiental que generan al conjunto de la sociedad.

Volviendo al artículo, me ha hecho mucha gracia el chiste “Los contenedores de recogida selectiva, por el contrario, están disponibles para los ciudadanos 24 horas al día, 365 días al año” Querrán decir que están ocupando un espacio -por el que no pagan- en la vía pública todo ese tiempo, pero disponibilidad, capacidad para recibir residuos… no sé, quizá soy el único que se encuentra más de tres días a la semana los contenedores rebosando y sin espacio para hacer efectiva esa recogida selectiva.

Y para terminar diré que estoy de acuerdo con la frase “Al ciudadano no le pagan, sino que paga él”: con un sistema integrado de gestión -tipo ecoembes-, el ciudadano paga cuando compra el producto envasado, paga la tasa de basuras, paga con sus impuestos la infraestructura para la gestión de residuos –incluidas incineradoras y vertederos-, y vuelve a pagar cuando compra el envase fabricado con material reciclado . Con un SDDR tiene la posibilidad -si cumple con su parte en la cadena del reciclaje- de recuperar parte del coste del envase, de modo que no le vuelvan a cobrar por él cada vez que quiera consumir lo que hay dentro.

Y no, no “es una excusa en la que algunos se escudan para no separar los envases en sus casas” -yo separo mis residuos conforme a mi religión– es una petición formal para que dejen de gastarse el dinero que pagamos para el reciclaje en mentirnos e insultarnos y empiecen a hacer las cosas bien de verdad. Señores de ecoembes dejen de boicotear los SDDR con mi dinero y dejen que se estrellen solitos. Si realmente fracasan nos enteraremos gracias a su amplia plantilla de periodistas distribuidos por todos los medios de comunicación de masas. Y si funcionan nuestros bolsillos y los ecosistemas se darán cuenta, no hará falta que nadie nos lo cuente.

PD: efectivamente, esto no es una respuesta sesuda desmontando el artículo enlazado al principio. Es un vómito rápido para calmar la úlcera, no tengo tiempo ni recursos para desmontar frase por frase todas las falacias, medias verdades y estadísticas sesgadas que publica una empresa con un presupuesto de 400 millones de euros al año. Me conformo con invertir una hora de mi sueño en hacerte reflexionar sobre el tema e invitarte a ser un poco crítica en este asunto, quizá si somos muchos los que demandamos más transparecia alguien se anime a investigar en profundidad y nos aporte información sobre qué está pasando realmente con nuestros residuos.


 

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